Posteado por: Roberto | enero 29, 2011

Desertificacion avanza en el mundo

La desertificación de la tierra se entiende como la degradación de las zonas áridas, semiáridas y sub-húmedas derivadas de los efectos y negativos del clima y de las actividades humanas.

Para la FAO, la desertificación se define como: La expresión general de los procesos económicos y sociales, así como de los naturales e incluidos por el hombre, que rompen el equilibrio del suelo, la vegetación, el aire  y el agua, ruptura que ocasiona la disminución o destrucción del potencial biológico de la tierra, la degradación de las condiciones de vida y la expansión de los desiertos.

   Esos procesos destructivos incluyen: la erosión hídrica, la erosión eólica y la sedimentación que reduce la cantidad y diversidad de la vegetación natural y aumenta  la salinización o sodificación.

Procesos de desertificación

   Se consideran siete procesos principales que conducen a la conversión de tierras en desiertos, cuatro primarios (con efecto amplio y de fuerte impacto) y tres secundarios. Para evaluar el efecto de la desertificación se considera: el estado actual, velocidad y riesgo, y con base en esos criterios se establecen diferentes grados de desertificación (ligera, moderada, severa y muy severa).

1)Degradación de la cubierta vegetal. Deforestación derivada de la eliminación de la cubierta vegetal ocasionada por la tala,  los incendios, la lluvia ácida, etc.

2) Erosión hídrica. Efecto de las corrientes de agua que arrastran la cubierta que cubre el suelo. Se acelera cuando el ecosistema se altera por acción de las actividades humanas como la deforestación y el cambio de uso de suelo (construcción de carreteras, asentamientos humanos, explotación agrícola, pecuaria o forestal).

3) Erosión eólica. Remoción de la cubierta del suelo ocasionada por el viento. Tiene especial impacto en las zonas áridas y semiáridas, generado por el sobrepastoreo, la tala inmoderada y la práctica inadecuada de actividades agrícolas.

4) Salinización. Ocasionada por el aumento de la concentración sales solubles en el suelo, generada por el rompimiento del equilibrio hídrico/salino. Esto reduce de una manera muy importante el desarrollo vegetal.

5) Reducción de la materia orgánica del suelo. Se genera cuando la cubierta vegetal que  provee los nutrientes orgánicos al suelo, es removida.

6) Encostramiento y compactación del suelo. Estos procesos ocurren como consecuencia de los procesos primarios: escasez de materia orgánica, uso intensivo de maquinaria agrícola o sobrepastoreo.

7) Acumulación de sustancias tóxicas. El envenenamiento del suelo con frecuencia es generado por un uso excesivo de abonos y fertilizantes así como de métodos químicos de control de plagas (pesticidas y plaguicidas).

   Para estimar mejor la forma en que ha cambiado la superficie terrestre conviene observar las siguientes gráficas que señalan la distribución de las diferentes áreas observada en 1990 y la prevista según las tendencias, para el 2015 y el 2050:

En la región de América Latina y el Caribe se reportan grandes extensiones secas que están en vías de convertirse en desiertos, en países como México, Argentina, Bolivia, Perú y Chile. En la región mesoamericana donde se localiza nuestro país, hay más de 63 millones de hectáreas;  cerca del 88% de la tierra restante está amenazada por este fenómeno.

   Casi ¼ de la superficie total de tierras en el mundo está amenazada por la desertificación y afecta casi al 70 % de la población humana.

   La desertificación mengua la productividad de las tierras, generando la migración de numerosos grupos de personas hacia las zonas urbanas, produciendo pobreza e inestabilidad económica y social.

   La urbanización acelerada y mal planificada lleva a la pérdida de tierras cultivables, afecta la protección de las cuencas y produce la pérdida de la biodiversidad.

   La escasa protección que las naciones dan al ambiente lleva en muchas ocasiones a la adopción de medidas inadecuadas que agudizan el problema. El aprovechamiento excesivo de tierras puede darse en circunstancias económicas precarias, con legislaciones o prácticas territoriales inadecuadas.

   La pobreza puede llevar a la gente de las pequeñas comunidades a acabar con los pocos recursos disponibles; las pautas de comercio internacionales pueden llevar también a la explotación excesiva para la exportación, que pronto convierte grandes superficies en zonas áridas, poco productivas. En ambos casos, las comunidades regionales no perciben beneficios que eleven su calidad de vida, más aún, cuando la tierra deja de producir quedan tan pobres o más que antes.

   El uso de tecnologías inadecuadas, muchas veces importadas de países desarrollados, puede conducir a la pérdida de suelo.

   Las guerras y las revoluciones afectan también de una manera decisiva el uso del suelo, grandes masas de emigrantes abandonan sus lugares de origen y se desplazan a asentamientos irregulares que deterioran el suelo.

   Fenómenos como el ‘Niño’, atados a problemas de contaminación y de cambio climático, afectan también las características del suelo.

Efectos de la desertificación

   Cuando la tierra pierde la cubierta de materia orgánica que la cubre, se agrieta acelerando el efecto erosivo del agua y el viento,  sufre irrigación de una manera inadecuada aumentando su salinidad, cuando el ganado pisotea y compacta el terreno, se vuelve estéril aumentando la evaporación superficial del agua y las escorrentias.

   La pérdida de la cubierta vegetal es al mismo tiempo causa y efecto de la degradación de la tierra.

   Las inundaciones y las corrientes de agua en los temporales, llevan una gran cantidad de sedimentos que se acumulan en el fondo de los lagos y ríos, contribuyendo a la formación de pantanos que son el resultado de la alteración de esos ecosistemas.

   La formación de tolvaneras en las zonas áridas puede contribuir de una forma decisiva en la salud de las personas que habitan en los alrededores (ver el caso del Plan Lago de Texcoco) por lo que la salud es otro de las áreas en que afecta la formación de desiertos.

   La producción de alimentos es uno de los efectos más sensibles de la formación de desiertos. La mala alimentación y la franca hambruna son uno de los problemas centrales de los países en vías de desarrollo. La guerra y las revoluciones sociales han estado históricamente, atadas a este tipo de problemas.

   La desertificación conlleva enormes costos de tipo social. La formación de grandes manchas urbanas y suburbanas de desplazados del campo, los campamentos  de refugiados en las fronteras de muchos países, produciendo una enorme presión social que estalla intermitentemente en todo el mundo. La pérdida de condiciones de vida, la mala alimentación y sus efectos en la salud, la pérdida de identidad hacen un caldo de cultivo propicio para el estallido social, por momentos, incontenible.

La región de América Latina y el Caribe

   En ella se advierten problemas serios generados por una deficiente integración de las actividades de agrícolas de riego, de temporal y pastizales con relación a los bosques, lo que incrementa el deterioro de los ecosistemas naturales.

   El desarrollo poblacional carece de una planificación integral. Las condiciones de vida de la población rural están por debajo de los mínimos aceptables.

   En América del Sur, 100 millones de hectáreas han sido degradadas por el efecto de la deforestación y  70 millones por el sobrepastoreo.

   Con el deterioro del suelo cultivable, los países en desarrollo se ven impulsados a comprar a los países desarrollados, normes cantidades de agroquímicos para aumentar el rendimiento del suelo, lo que ocasiona una fuga importante de recurso, el incremento de los costos de producción y el envenenamiento del suelo y del agua., generando a corto plazo más pobreza y más desierto.

   El avance de los desiertos debe ser un asunto de prioridad internacional. Los gobiernos del mundo debieran empeñarse en frenar el crecimiento de los desiertos y la búsqueda de sistemas de producción sostenible, produciendo el menor deterioro ambiental. Para ello se requiere de una gran inversión. Tan solo en mesoamérica, se estima que serían necesarios, al menos, 13 000 millones de dólares para restaurar una parte importante de las áreas devastadas.

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